SOY RESPONSABLE DE LO QUE PUBLICO
NO DE LO QUE INTERPRETES
Las redes sociales son un mundo abierto de posibilidades. Curiosidades, informaciones, recetas, críticas, chistes, ironías, caricaturas, humor, análisis, memes, entre otras. Cada quien es libre de publicarlas y cada receptor de interpretarlas como quiera, esto depende de su creencia, valores, cultura u otros. Esto es válido y justo ante la diversidad, ¿y cómo lo controlamos?. Parece imposible controlar a un caballo desbocado cargando información no hay reglas ni límites, todo es posible en esta autopista.
A veces compartimos post, sin ponerle mucho análisis, sin medir a quien podemos afectar o no, sin profundizar el mensaje, sin intención alguna mas que compartir o darle me gusta. Sin embargo, sí puede generar reacciones, y ¿cómo hacemos para discriminar a quien le va a gustar o no? Entre gustos y colores no hay autores y menos en la red...
Lo que publicamos no necesariamente significa que estemos 100% en acuerdo, ni nos define como ser humano. Compartimos por muchas razones, el post nos parece creativo, ingenioso, curioso, interesante, importante, controversial, divertido, informativo, o es para leerlo luego a veces ni suma nada a nuestra vida es algo trivial cosas que llenan la red. La intención a la larga se la da el lector y no quien publica, pues cómo saber las razones de su publicación, cómo podemos saber con que emoción se escribió un comentario, lo podemos leer con distintas entonaciones y esto generar diversas intenciones a nuestro juicio, pero no necesariamente acertemos con la. del publicador.
Así es este mundo virtual, parecido al real, nos encontramos con una diversidad tal que no podemos hacernos responsables de lo que puedan interpretar o actuar los demás, solo hacernos responsables de nuestros actos y de cómo lo queremos transmitir, consciente que hay riesgo que se interpreten distinto a su sentir.
Entonces, si bien es un deber ético cuidar lo que publicamos e intentar no sea ofensivo o desagradable, no podemos controlar del todo que algunos se sientan en desacuerdo, ofendidos o agradados por lo que publicamos, son miles de sentimientos y pensares ante una imagen que circula y reproduce sin control. Resultaría hasta tonto si publicaciones en masa sean tomados como un mensaje personalizado y directo a nuestro ego.
Estar en redes sociales es asumir que veremos y leeremos cosas que no nos gusten y vale definir qué haremos ante ello para que eso simplemente sea lo que es, una publicación más que responde a la diversidad y no algo que nos coloque en conflicto. Un post no define a la persona que la publica, ni a sus sentimientos o pensar o va dirigido a alguien en particular, para esto lo más sano es una comunicación directa o en privado con ella y no una publicación pública. No somos las redes sociales, somos operarios de estás y no podemos complacer a todos nuestros contactos. Por eso la política, la religión, los deportes u otros temas se hacen intolerantes para muchos que no logran entender, ni la diversidad, ni la libertad que se tiene de emitir cualquier opinión, ni la poca posibilidad de controlar los mensajes virtuales, este caracter lo convierte en un medio delicado de manejar cuando no determinamos el límite entre la realidad y la virtualidad.
Por eso vale no tomarnos a lo personal lo que está en cualquier red social, asumir esta posición nos colocaría vulnerables y sensible a cualquier tontería que se publique . Esto es un medio de expresión que puede dar luces sobre gustos y tendencias pero no es la persona que publica. Para conocer y juzgar mejor a las personas virtuales que comparten la red es mejor el contacto directo que logramos si la invitamos a un café, o compartimos en casa, sin cables ni wifi, solo desde la mirada, la entonación, los gesto, la actitud y otras podemos tener alguna idea de quien es en realidad nuestro interlocutor virtual.





