domingo, 12 de julio de 2015





CUANDO NOS VESTIMOS DE SUPERIORIDAD

A primera impresión una persona puede estar bien vestida, dar luces de una buena educación, status notable, reconocimientos, bienes, casada o casado, hijos, casa, carros, lujos, viajes y desde este perfil se cataloga admirable, una persona de logros. La vida ideal. 

Pero cuando te adentras a ese lugar que ya no se ve, ese que va mas allá de los títulos, de su conocimientos, de sus cargos, de la marca de su ropa, de los reconocimientos que tapizan su pared, de lo público y te vas allí al ser humano y sus valores, al ser humano y su ética, a la desnudez que generan sus tratos y acciones, a los argumentos para validarlos, al desespero intangible pero notable por ser lo que más brille y más suene aunque suene repetido y el destello sea tenue, esa primera impresión se descolora y comienza a dejar las manchas que dejan las vidas desabridas, hechas desde el guión de la apariencia, del falso brillo de la sortija barata... y cuando su poder pretende destruir vidas, dañar historias, manchar reputaciones, limitar el crecimiento ajeno...ni el pedestal más alto ni las lentejuela más cara le darán el respeto y admiración que creen tener,pues no se debe subestimar a nadie y muchos no miden destellos sino esencia. La ética y la verdadera humanidad no lo dan un curriculum de cinco páginas ni los muchos servicios sociales a los que tantos se subscriben para que su aureola de santidad aparente ser más gruesa. 

Eso con el respeto y la consideración al prójimo se obtiene y ese don solo lo tienen los que han aprendido a amarse a si mismos y por tanto amar a los demás. El desprecio y las acciones que le remites a otros son el reflejo de como te valoras a ti mismo/a. Y tal vez estas acciones le funcionen muchas veces y se sientan grandes, tan altos que llegan a creer que respiran por un lugar distinto al de la gente común...pero la vida se encarga siempre de darle la justa lección a los que aun no entienden lo que es vivir...la vida tarde o temprano los ubica y los pone a respirar por donde respiramos todos los mortales...porque vivir se trata de aprender y superar no de seguir cometiendo una y otra vez el mismo error, creyéndonos superiores e invencibles. 

Así que a bajarse del pedestal, aprender la humildad, a dejarse de arrogancia y reconocer el valor de otros, pues tarde o temprano el pedestal se cae y esos golpes suelen ser muy duros cuando resistimos el cambio y nos creemos que tocamos el cielo. Todo lo dará el tiempo, el bumerán siempre regresa ...

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