MOMENTO DE REFLEXION
¿Y qué es lo que nos toca a nosotros hacer?
Mucho he oído decir por estos días que en Venezuela se perdió todo, que se lo llevó quien lo trajo y no tiene acomodo. Los analistas dicen que vienen tiempos difíciles y efectivamente nos enfrentamos a un hecho económico que llámese como se llame nos duele en el bolsillo y nos aleja de sueños, metas y hasta de lo más necesario y básico de nuestro sustento personal y familiar. Y es que hasta Adriana Azzis con sus acostumbrados pronósticos, que para mi son mas bien un análisis muy lógico y certero de la situación, expresa no ver la luz al final del camino que veía en otros tiempos.
Es un panorama desolador, que causa angustia y no porque te lo digan los medios, sino porque el día a día te indica que ya no tienes el poder adquisitivo de hace tan solo un mes, y que la frase "No hay" es más frecuente que ver una canilla o un pan gallego en una panadería. Efectivamente provoca salir corriendo, pero nada, ni eso podemos hacer pues pensar en emigrar no solo implica renunciar a tus cosas, alejarte de tu familia y los tuyos, ir a probar suerte en un lugar distinto a tus costumbres donde serás extranjero siempre por más que te reciban con los brazos abiertos, pero esto también significa un dinero que con cada "ajuste" cambiario se diluye en nuestras manos como bombitas de jabón.
Dejamos que corriera mucha agua debajo del puente, aceptamos muchas cosas que iban contra los valores y principios humanos, por rabia resentimiento y tantos enfrentamientos convertimos al país en una zona de guerra y de parte y parte pues cuando alguien cede ante la posibilidad de llegar a algún acuerdo, saltan las liebre del reproche, de la condena, del orgullo. Debemos entender que necesitamos escucharnos y entendernos, que necesitamos conciliar sin que esto signifique vender nuestras ideas y posiciones, pero de ambos lados es necesario aflojar la cuerda pues el país se nos devalúa cada día, la violencia nos pisa los talones, lo primario escasea y casi parecemos leones peleándonos por una presa cuando llega algún producto en un mercado.
No podemos esperar cambios externos si no enfrentamos los que debemos enfrentar nosotros, comportándonos como primitivos en un país que debería contar con ciudadanos capaces de exigir el cumplimiento de sus derechos sin caer en la violencia, con los argumentos que nos dan las leyes, con la entereza y firmeza de aquellos que le devolvieron la democracia a Venezuela un 23 de enero, queremos respeto y paz, pero nos coleamos en las colas, no decimos ni buenos días al llegar a algún lugar, empujamos a la gente en el Metro o cualquier transporte público, somos groseros con el que nos atiende en algún servicio o viceversa, nos comemos e irrespetamos cualquier señal de tránsito que se nos ponga en frente, nos quedamos callados ante cualquier injusticia, nos sentamos a esperar que otro resuelva y mientras criticamos y saboteamos pero no aportamos, botamos basura en el piso, en fin eso le toca a los alcaldes... ¿Y qué es lo que nos toca a nosotros hacer?.
Tal vez lo primero que deberíamos hacer es sonreír, desentonar con el resto del mundo como dice mi querida Mafalda, aquella niñita de 6 años de las historietas de Quino. Alejarnos del comportamiento anárquico y entender que debemos aprender a ser ciudadanos. Eduque a sus hijos, asumamos la responsabilidad de darles valores, principios, que se amen y se acepten como son, motívelos a ser emprendedores, creativos, analíticos, seres que siempre tengan metas y proyectos, no los haga holgazanes ni les enseñe a esperar dádivas de nadie, son capaces al igual que usted de forjarse un futuro con sus propias manos, lo que usted les enseñe será una semilla para las próximas generaciones. Únase con personas de igual inquietud y proponga soluciones, trabaje con gusto y disposición para su comunidad, para su familia, para su calle, no se quede en la crítica, reconozca la labor de otros, hay muchos con tendencia distinta a la suya que están haciendo una labor honorable, apóyelos, defiéndalos sin el egoísmo que ha veces siembra el pertenecer a alguna tolda política. El país requiere grandes cambios y si todos nos comprometemos en accionar a favor de ellos, desde los valores y con una visión menos yoista, tal vez seamos más que un simple granito de arena.
Tenemos dificultades serias, eso es cierto, pero quedarnos sentados en el fango, recogiendo los pedazos de nuestra indiferencia no resuelve nada, seamos venezolanos para luchar, para no ser conformistas, para limar las asperezas sembradas, hay que construir al país desde cero, pues hagámoslo, pero necesitamos accionar o todos tocaremos fondo.

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