domingo, 26 de enero de 2014




ESPERANZA DEVALUADA


Pasado ya el momento de indignación que resultó encontrarnos con $100 menos en el cupo electrónico y los ajustes para el cupo viajero, vale aclarar algo en mi caso, y creo que es el sentir muchos que han recibido el argumento de que esto nos duele por ser “consumistas”, “que nuestra moneda es el bolívar y no el dólar”, y otros argumentos. Esto no se trata simplemente de que ahora compremos menos y pagaremos más, no se trata nada más de una simple acción comercial, se trata de algo mucho más profundo, más trascendental que el verbo “comprar”.

Lo que hoy ocurrió con dichos cupos y con las medidas comunicadas en días anteriores evidencia que no estamos bien, que podrán argumentar cualquier cosa y llamarlo “ajuste”, “actualización” o cualquier otro término, pero en esencia, el bolsillo de cada uno de nosotros se hace insuficiente cada día para sostener lo básico,  que nuestra moneda se “desmorona” por la mala praxis económica que ha reinado en el país desde hace más de 50 años. La corrupción, el derroche, la trampa, la impunidad son males heredados, pero también han sido bien aceptado por la gerencia actual. 


Me decía un amigo una vez, “yo prefiero que robemos nosotros a que roben los otros”, refiriéndose al grupo político contrario a sus ideas, y yo me quedé pensando, y me dije, “yo preferiría que no nos robara nadie”, pero tristemente, así hemos sido, en algún momento de nuestra historia aceptamos  que a Venezuela la desvalijarán siempre, tal vez porque pensamos que ese era el precio a pagar por las pocas migajas que nos dejan de las grandes riquezas que el país nos ofrecería si las gerencias administrativas no pensaran en sí mismas y realmente se ocuparan de beneficiar a ese pueblo que los puso allí y de cumplir su labor.


Pero volviendo al cupo, hoy cada venezolano es más pobre, con menos oportunidades para adquirir carros, zapatos, estudiar, para vestirse, para viajar y hasta para lo más primario que es comer. Pues, no sembramos nada, no producimos nada, no crecimos nada con las tantas oportunidades que un país petrolero debería tener, con grandes extensiones de tierra fértil para la siembra, con gente brillante que cada día tiene las alas más cortas para producir en su país y deben emigrar. Somos ese dólar, que a muchos les molesta pero que nos somete pues no aprendimos a fortalecer verdaderamente nuestra moneda  y ahora  anda con un grado de desnutrición que ya es demasiado evidente.


Pero más desolador que la noticia de un cupo recortado y desmenuzado fue ver las caras de tristeza, rabia y frustración del día siguiente, una rendición colectiva de ambos bandos, unos por sentir que tenían las manos más maniatadas que ayer y los otros por ver que el precio que han de pagar por mantener viva la idea del supremo los coloca más lejos de sus sueños y metas y ya es demasiado alto. 


Y tras esta  actitud, yo solo pregunto, ¿qué vamos hacer?, sentarnos a llorar, deprimirnos, botar nuestra rabia insultando al contrario, acusarnos, que si los 40 años de la cuarta, que si los 15 años de la quinta. Tenemos razones para sentirnos mal, para sentirnos indignados y desorientados, no es fácil ver cómo nos alejamos cada día más de la promesa de ser una gran potencia teniendo tantos recursos. Pero definitivamente echarnos las culpas no nos han librado de tocar fondo y ya se siente la tierrita en las manos.

Es tiempo de responsabilizarnos por estos 56 años en que no hemos valorado a este país, años de maltrato, derroche, de oportunistas, de ladrones y corrupción, de una sociedad pasiva ante tanto descaro y tan desmemoriada para no aprender las lecciones que se nos repiten una y otra vez ante nuestros ojos, y esto no es exclusividad de ninguna república, todas han dejado que unos tantos se hayan llenado los bolsillos a costa de este pueblo que no termina de entender que merece mucho más que una dádiva. Lastimosamente no hemos sabido exigirle a esos “gerentes” escogidos a través de nuestro voto, que hagan su trabajo y que lo hagan honestamente, para el país y no para intereses particulares y foráneos.


Las malas acciones y decisiones de ambas repúblicas, la siembra de esos odios y divisiones que en los últimos años se agudizaron, la violencia con licencia, el aplaudir lo absurdo y perdonar lo imperdonable, duélale a quien le duela, nos han conducido a esto, a una Venezuela debilitada, con hijos enfrentados, donde la renta petrolera no nos ha salvado de altas deudas con otros países, donde nuestro turismo ya no atrae, pues ¿quién pisa un suelo donde no se garantiza la vida?, ¿quién se entusiasma a venir en un país donde el pueblo se mata en un supermercado por un paquete de Harina Pan?.


Y ahora que viene, ¿el conformismo?, ¿el derrotismo?, ¿la crítica sin acciones?, ¿el suplicar un cambio para el cual no movemos un dedo?, ¿el seguir justificando, juzgándonos y acusándonos?  De ambas partes se tiene que sacar una lección, de ambas partes se tiene que ceder, de ambas partes se tienen que acordar estrategias que nos permitan salir de esta crisis.


La esperanza es lo último que se pierde y pareciera que hoy bajamos a ese último escalón donde ya no hay nada que hacer. Debemos crecernos ante las dificultades, tal vez esa sea la gran ganancia de todo este proceso, debemos aprender a ver más allá de partidos e ideologías y ver al país como un todo de diversas opciones que necesitan comunicarse, de gente que quiera aportar y trabajar para salir de hueco en que estamos, ser sensatos, madurar ante tanto resentimiento y enfrentamiento. 


Necesitamos rescatar el entusiasmo, la fe y la certeza de que todo puede cambiar, pero hay que insistir en que depende más de nosotros, que de los que dirigen a este país, depende que cambiemos nuestra manera de ver a los políticos, ellos no son súper héroes, ni son supremos, ni eternos, son de carne y hueso, son servidores públicos, empleados nuestros y debemos aprender a que ellos nos responden a nosotros y no nosotros a ellos. Ante esta situación nos corresponde pedir cuentas, que se asuman las responsabilidades, estar prestos a los cambios donde quepamos todos, y donde todos sumemos esfuerzos e ideas, generar cambios que busquen la justicia  y el orden, y esto se puede desde lo más simple, reencontrarnos con los valores perdidos.


Venezuela necesita el compromiso de todos, no perdamos la esperanza, por favor.

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