domingo, 24 de abril de 2016


KARINA,  la madre... 



La cantante Karina ha hecho pública la decisión de ayudar a su hija a una rectificación de su identidad sexual. Su hija desde muy pequeña manifestó identificarse como un varón y sus padres han decidido ayudarle a dar ese paso. Muchos han sido los mensajes de apoyo y otros tantos han sido los mensajes terribles de rechazo y condena, los cuales me motivan a escribir, pues muestran a un mundo duro, insólito e intolerante.

He seguido esta noticia, no por la intención morbosa del escándalo y la crítica, llega a preocupar que el mundo se sienta juez y dueño de la verdad, por lo que aclaro, mi intención no es dar la verdad, solo es dar una opinión no sobre Karina y su hijo, sino por esa acción condenatoria y cruel que nos ha dañado tanto como sociedad. Es una invitación a la reflexión y a darnos cuenta, como dice una canción del grupo Mecano, que con nuestras piedras ellos (a los que condenamos) hacen su pared y no es justo vivir entre muros cuando el universo se hizo sin ellos…

En este mundo tan complejo y tan duro, esta noticia es una de las más humanas que he leído en los últimos tiempos. Pocas personas hoy buscan la felicidad del prójimo, olvidan esa máxima de los mandamientos que invita a amor hacia otros tanto como deberíamos amarnos a nosotros mismos, y es aquí donde comienza el problema, ¿realmente nos amamos?, ¿qué tanto nos aceptamos como somos?, ¿Qué tanto agradecemos a la vida por nuestro cuerpo, por nuestro género, por nuestras capacidades?, ¿cómo nos celebramos?, si muchos aún no lo hacen para sí, cómo pueden amar a otros y cómo pueden aceptarles si aun no se aceptan a sí mismos.

Cuantos comentarios destructivos tras esta noticia evidencian que son muchos los que no comprenden la diversidad y ni respetan los procesos de cada quien y dejamos a un lado los valores. Estar en los zapatos de una madre que debe enfrentar una decisión como esa no debe ser fácil. No por la decisión tomada, sino por la incomprensión de muchos y la intolerancia en la que el mundo señala lo que supone va en contra de una norma, en contra de su verdad, en contra de su idea, pero no en contra de lo que siente y padece la otra persona, ese prójimo al que nos atrevemos a cortarle las alas y no solamente desde su identificación de género, como es este caso, sino de muchas maneras, como cuando no los dejamos explorar sus capacidades, cuando les imponemos una carrera, cuando no les dejamos opinar, cuando los maltratamos y lesionamos su autoestima, cuando marcamos diferencias y colocamos etiquetas, cuando clasificamos, negros, blancos, pobres, ricos. Cuantas maneras de castrar a una persona mucho más graves al hecho que hoy muchos condenan que una madre ayude a su hijo a ser lo que quiere ser.

Definitivamente la grandeza del ser humano no está en su religión ni su creencia, sino en su espíritu y obrar. Tenemos mucho que aprender de aquellas personas que se atreven a dar pasos tan importantes como el que ha dado Karina, la madre, u otras madres que se han tenido que enfrentar al mundo porque simplemente su hijo es “diferente” a otros. Bien dice ella cuando habla que la razón es ayudarle a definir su identidad y aquí es donde muchos se confunden y ven como una aberración, lo que debería ser un aspecto donde pocos han asumido esta tarea. Son muchas las personas que van por el mundo sin saber quien son, no solo en género, también en sus emociones, en sus creencias, son muchos sin encontrar ser feliz en el caminar por la vida y llevan cargas que les impide prosperar y superarse, muchos son los que no se atreven a verse a sí mismo y a decidir ser quien son sin importar el cliché social, se someten a una idea hasta fanática por cumplirle a la sociedad pero no se cumplen a sí mismos y sus motivaciones.

Karina expresa que podemos salvar una vida cuando le ayudamos a ser lo que son, cuántos niños y jóvenes incomprendidos se pierden en las drogas u otras situaciones porque no encontraron en sus padres y en su entorno quien les comprendan y abran su corazón a lo diverso, o por encontrar un mundo que les lanza piedras y no un tiempo para educarse en estos temas y tratar de comprender, cuántos son los padres que sin darse cuenta hacen que las dificultades que sus hijos atraviesan sean mucho más difíciles de afrontar por la ignorancia y el fanatismo con la que asumen estos retos sociales. Muchas veces son los padres con su actitud autoritaria, sobreprotectora o indiferente los que le pone las peores trabas a sus hijos.

Admiro y aplaudo, esta acción de Karina que es la de muchas madres que abrazan a sus hijos en decisiones y retos tan difíciles cuando van en contra de una sociedad discriminatoria, esto es una muestra de amor inmensa, absoluta, hermosa, una lección de vida. De acuerdo a lo que cuenta esta madre, se asesoró, buscó orientación, superó sus propios prejuicios, entendió la necesidad de su hijo y traspasó el juicio de la sociedad. Esta historia nos invita a ver al ser humano y no a la apariencia, a ver más allá de un patrón social y valorar al ser vivo y a la libertad que pide para ser como se quiere sentir y no como otros quieren que sea.

Cuántos son los padres que niegan realidades de sus hijos y luego sufren porque no enfrentaron a tiempo una problemática de drogas, por ejemplo, o una discapacidad, algún problema de conducta o una situación como esta, cuantos han dicho "mi hijo o hija no" y solo reaccionan cuando se ha perdido un tiempo valioso para canalizar la situación como debe ser.

Se requiere mucha valentía cuando un padre toma una decisión como esta, o cuando un padre se entera en el embarazo que traerá al mundo un niño con síndrome de Down, o cuando le dicen que su hijo es autista o cuando su hijo tiene alguna dificultad física o cuando su hijo tiene una preferencia sexual distinta. Son muchos los que critican o no entienden la devoción de aquellos padres que lo afrontan desafiando a ese mundo que señala y condena, que incluso se burlan y maltratan de este afán de llevar al mundo un mensaje de tolerancia y respeto. Hemos sido tan insensibles a dolor ajeno que se ha necesitado sensibilizar a través de actos como estos donde debemos mostrar y hacer público estos testimonios para hacer visible al mundo algo que está presente, cerca, pisando talones.

Los humanos somos muy ligeros para lanzar piedras pero pocos realmente nos enfrentamos a nuestro espejo y a las realidades que nos golpean en la cara, hoy esta historia me impulsa a verme a través de este espejo, y a todo aquel que me lee a mirarse con valentía y enfrentar sus dolencias y sus necesidades aún cuando vayan en contra de lo establecido. Son muchos mal llamados minorías los que han tenido que luchar al máximo por ser reconocidos y aceptados en un mundo ilimitado pero que se limita a sí mismo y que traban la felicidad de otros porque no entienden al mundo más allá de sus prejuicios y dogmas limitantes.

Ojalá que comprendamos que Dios, al que muchos han usado para justificar sus descalificaciones y juicios en esta historia, nos hizo diversos, nos hizo con libre albedrío, nos ha mandado mensajes de mil y un formas para que entendamos que debemos aceptarnos, que nos hizo únicos y que somos quienes nos hemos querido convertir en replicas de un modelo humano único que solo existe en nuestra mente, necesitamos más gente que se atreva a ser quien es, a aportarle al mundo su individualidad, a ser únicos y a respetar al prójimo, allí está la clave de la paz y de lograrlo seremos mucho más felices.

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