LAS DESPEDIDAS
Desde hace algún tiempo, en Venezuela se viene hablando de
las despedidas, esas personas que se van del país, ya sea porque consiguieron
oportunidades en otros lugares, por aspiraciones personales de conocer y no
estancarse en un lugar, o simplemente porque en su país no encuentran opciones
para salir adelante, entre otras tantas razones por las cuales uno toma la
decisión de alejarse de sus raíces, de sus seres queridos y disponerse aventurar
en nuevos horizontes. Sea cual sea la razón, son despedidas, acciones que se
emprenden hacia un lugar incierto y hacia gente y sabores desconocidos, que
cuando los probamos por turismo o por simple placer pueden resultar atractivos,
un desafío sabroso para experimentar, sabiendo que tarde o temprano retornaras
a tu lugar, a tu zona de confort, a tus olores, a tus vecinos, a tu gente, a tu
ciudad, a tu calle o esas 4 paredes conocidas. Pero cuando las razones son
otras puede resultar un duro cambio.
Yo he visto mucha gente marcharse, antes y después de todo
este cambio que se ha estado implementando en el país, me he acostumbrado a
saberles lejos, pero igual duelen, amigos de años, de infancia, familiares que
toman otros rumbos y uno conoce de sus vidas a través de fotos o la gran
maravilla que ha resultado la internet para estos casos donde el acceso a ese
mundo es a través de una red social. Pero nada sustituye el abrazo, la voz
cercana, la posibilidad de tomarse un cafecito o saber que se podrá compartir
un cumpleaños, o alguna tristeza. Sin embargo, la vida vive despidiéndose cada
día, y cada noche, cada minuto que pasa es una despedida, quizás, menos tangible
y dolorosa que cuando nos toca ir a un aeropuerto a despedir un ser querido, y
mucho más cuando esta decisión se desprende de no conseguir en su país lo que
como venezolanos deberíamos tener a manos llenas, oportunidades, justicia,
igualdad de derechos, prosperidad, seguridad social, bienestar, entre tantas
cosas que a muchos se les niega porque no se suman a un proyecto de país que no
considera la diversidad y excluye de manera
inhumana a ese sector del país que termina siendo, para ellos, el peor
de los delincuentes, un desertor de la patria o simplemente el peor de los
traidores.
Y es así como se desunen las familias, por tratar así de
garantizarle un futuro mejor a sus hijos, alguien que debe hacer maletas,
porque en su país las puertas se cierran hasta para emprender un negocio propio
y ser profetas en su tierra. Gente que se va, porque de nada les valió haber
estudiado las carreras de más oportunidades hace un poco más de 15 años, estas
hoy son simplemente papeles que engrosan un Curriculum Vitae con que fácilmente
se puede limpiar el parabrisas del taxy que maneja hoy para al menos poder
pagar la renta.
Este es el país de hoy, el que aún con sus riquezas y
grandes posibilidades para ser próspero, ha concebido en la cabeza de muchos la
gran idea que debemos hacer un sacrificio para que las nuevas generaciones, dos
o tres, puedan vivir las mieles de una ideología que apenas se está gestando,
como lo dijo hace día uno de sus motivadores. Un país que carece hasta de los
servicios básicos y hoy se pelotean las culpas entre cartas y algún pacto con
Pilatos.
Una ideología parecida a la que se ha puesto en práctica en
aquella isla donde tienen más de 50 años esperando que ese sueño libertario e
independentista y tan sacrificado por fin pueda rendirles frutos a esas nuevas
generaciones que no han visto aún el progreso y la libertad prometida y que con
tanta ingenuidad nosotros imitamos.
Este parece ser entonces el rumbo de los venezolanos,
despedirnos, no solo viendo a nuestros familiares partiendo en un avión con la
posibilidad de llevarse consigo muy pronto a otros afectos y porqué hasta sumarme
a este reto de vivir lejos de este país que a pesar de todo, amo y huele a mí.
No es fácil escribir estas palabras cuando ese ser que se
marcha es tan cercano, cuando mañana marca un nuevo rumbo para todos, no es más
fácil cuando es por una decisión obligada por las circunstancias que le brinda
un país que primero amenazó su estabilidad laboral y emocional y luego le quitó
las posibilidades de volar por sus propios medios. Ese que también creyó en esa
promesa un día pero se le convirtió en pesadilla en poco tiempo, ese que ya no
soporta que alguien aún pretenda lavarle la cara a quienes le destruyeron el
presente en su patria.
Este es el país que se está construyendo, el de la gente
buena que tendrá que hacer país en otros lugares, que deberán sembrar banderas
en otros suelos, que nos abrirán paso para que también alcemos vuelo antes de
que sea una balsa lo único posible para salir de esta patria que ya no entiendo
si de verdad la tenemos…
Muchos ya somos exiliados en nuestro propio país, un país desabastecido,
triste y que cada día despide sueños, qué pasará cuando los que han aplaudido
este sacrificio se den cuenta que también se despidieron de la familia, de los
amigos, de la gente a quienes rechazaron por fomentar ideas, bellas en teoría
pero tan duras para hacerlas prácticas y que resultó el sacrificio de romper
con algo tan sagrado como es la unión familiar…
No podemos juzgar a los que se van, debemos ponernos en
zapatos y entender que nadie está obligado a rendirse y a veces esta es una
manera de seguir luchando por este país que necesita que reaccionemos y lo
defendamos…

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