viernes, 20 de junio de 2014





LAS DESPEDIDAS

Desde hace algún tiempo, en Venezuela se viene hablando de las despedidas, esas personas que se van del país, ya sea porque consiguieron oportunidades en otros lugares, por aspiraciones personales de conocer y no estancarse en un lugar, o simplemente porque en su país no encuentran opciones para salir adelante, entre otras tantas razones por las cuales uno toma la decisión de alejarse de sus raíces, de sus seres queridos y disponerse aventurar en nuevos horizontes. Sea cual sea la razón, son despedidas, acciones que se emprenden hacia un lugar incierto y hacia gente y sabores desconocidos, que cuando los probamos por turismo o por simple placer pueden resultar atractivos, un desafío sabroso para experimentar, sabiendo que tarde o temprano retornaras a tu lugar, a tu zona de confort, a tus olores, a tus vecinos, a tu gente, a tu ciudad, a tu calle o esas 4 paredes conocidas. Pero cuando las razones son otras puede resultar un duro cambio.
Yo he visto mucha gente marcharse, antes y después de todo este cambio que se ha estado implementando en el país, me he acostumbrado a saberles lejos, pero igual duelen, amigos de años, de infancia, familiares que toman otros rumbos y uno conoce de sus vidas a través de fotos o la gran maravilla que ha resultado la internet para estos casos donde el acceso a ese mundo es a través de una red social. Pero nada sustituye el abrazo, la voz cercana, la posibilidad de tomarse un cafecito o saber que se podrá compartir un cumpleaños, o alguna tristeza. Sin embargo, la vida vive despidiéndose cada día, y cada noche, cada minuto que pasa es una despedida, quizás, menos tangible y dolorosa que cuando nos toca ir a un aeropuerto a despedir un ser querido, y mucho más cuando esta decisión se  desprende de no conseguir en su país lo que como venezolanos deberíamos tener a manos llenas, oportunidades, justicia, igualdad de derechos, prosperidad, seguridad social, bienestar, entre tantas cosas que a muchos se les niega porque no se suman a un proyecto de país que no considera la diversidad y excluye de manera  inhumana a ese sector del país que termina siendo, para ellos, el peor de los delincuentes, un desertor de la patria o simplemente el peor de los traidores.
Y es así como se desunen las familias, por tratar así de garantizarle un futuro mejor a sus hijos, alguien que debe hacer maletas, porque en su país las puertas se cierran hasta para emprender un negocio propio y ser profetas en su tierra. Gente que se va, porque de nada les valió haber estudiado las carreras de más oportunidades hace un poco más de 15 años, estas hoy son simplemente papeles que engrosan un Curriculum Vitae con que fácilmente se puede limpiar el parabrisas del taxy que maneja hoy para al menos poder pagar la renta.
Este es el país de hoy, el que aún con sus riquezas y grandes posibilidades para ser próspero, ha concebido en la cabeza de muchos la gran idea que debemos hacer un sacrificio para que las nuevas generaciones, dos o tres, puedan vivir las mieles de una ideología que apenas se está gestando, como lo dijo hace día uno de sus motivadores. Un país que carece hasta de los servicios básicos y hoy se pelotean las culpas entre cartas y algún pacto con Pilatos.
Una ideología parecida a la que se ha puesto en práctica en aquella isla donde tienen más de 50 años esperando que ese sueño libertario e independentista y tan sacrificado por fin pueda rendirles frutos a esas nuevas generaciones que no han visto aún el progreso y la libertad prometida y que con tanta ingenuidad nosotros imitamos.
Este parece ser entonces el rumbo de los venezolanos, despedirnos, no solo viendo a nuestros familiares partiendo en un avión con la posibilidad de llevarse consigo muy pronto a otros afectos y porqué hasta sumarme a este reto de vivir lejos de este país que a pesar de todo, amo y huele a mí.
No es fácil escribir estas palabras cuando ese ser que se marcha es tan cercano, cuando mañana marca un nuevo rumbo para todos, no es más fácil cuando es por una decisión obligada por las circunstancias que le brinda un país que primero amenazó su estabilidad laboral y emocional y luego le quitó las posibilidades de volar por sus propios medios. Ese que también creyó en esa promesa un día pero se le convirtió en pesadilla en poco tiempo, ese que ya no soporta que alguien aún pretenda lavarle la cara a quienes le destruyeron el presente en su patria.
Este es el país que se está construyendo, el de la gente buena que tendrá que hacer país en otros lugares, que deberán sembrar banderas en otros suelos, que nos abrirán paso para que también alcemos vuelo antes de que sea una balsa lo único posible para salir de esta patria que ya no entiendo si de verdad la tenemos…
Muchos ya somos exiliados en nuestro propio país, un país desabastecido, triste y que cada día despide sueños, qué pasará cuando los que han aplaudido este sacrificio se den cuenta que también se despidieron de la familia, de los amigos, de la gente a quienes rechazaron por fomentar ideas, bellas en teoría pero tan duras para hacerlas prácticas y que resultó el sacrificio de romper con algo tan sagrado como es la unión familiar…
No podemos juzgar a los que se van, debemos ponernos en zapatos y entender que nadie está obligado a rendirse y a veces esta es una manera de seguir luchando por este país que necesita que reaccionemos y lo defendamos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario