Cambio de piel
Pareciera que para realizar cambios primero la vida le
revuelve la historia personal a uno. Hay tiempos donde uno quisiera cambios, positivos
y determinantes que enrumben la vida a nuevos objetivos y nuevas experiencias,
sin embargo, tan solo con pensarlo o desearlo nos podemos sumergir en un sinfín
de recuerdos, sentimientos, miedos, actitudes y otra serie de situaciones que nos
mueven el piso.
Es como si el cambio de piel que deseamos, debe doler
necesariamente, como si aprender, doliera, como si avanzar, doliera. Y duele
porque muchas veces estamos apegados al pasado, a lo conocido a lo vivido por
muy malo que esto haya sido, y nos encontramos dándonos cabezazos con la misma
pared. Pero esto, no debería ser así, pues, cuando hacemos cambios, es porque
ya estamos conscientes y seguros de lo que queremos obtener, ya tenemos una
meta trazada y lo anterior solo son pasos que hemos necesitado dar para
alcanzarla. Es por ello que lo primero que se debe hacer es, trazar la meta,
tener claros nuestros objetivos y hacer todo lo posible porque este no se
desvíe del camino.
Para vivir el presente y hacer los cambios necesarios en pro de un futuro, (incierto, por cierto), debemos dejar
atrás muchas maletas, muchas fotos pegadas a la pared, muchos libros y
revistas, muchos papelitos guardados en cajas, mucha música que ya no oyes,
muchos resentimientos, muchas cosas no aclaradas, muchas dudas, porque si lo
haces retornas a un pasado que puede tener recuerdos tristes y otros hermosos
pero que ya no volverán.
La vida va hacia adelante y retrocederla como lo hacíamos
con aquellos cassette de música o video, lo único que hará es que volvamos a
ver o a escuchar lo mismo sin poder hacer cambios, y lo único que podríamos
encontrar es que ese cassette pueda estar más deteriorado o no escucharse bien
y distorsionarse nuestro sentimientos sobre ello. No podemos borrar nuestra
historia así como lo podríamos hacer con ese cassette, y al grabar sobre éste
debemos estar prepararnos a que el sonido o el video no tenga la misma calidad
y nitidez de cuando fue nuevo.
Hay historias que deben pasar a esa biblioteca de anécdotas
y enseñanzas de vida, y otras ya deben pasar a un proceso de reciclaje,
biodegradación y simplemente botarlas. Las vivencias no pueden cargarse de por vida en el morral del
día a día, pues muchas de ellas solo sirven para dar pasos, no para quedarse en
ellas. Y ponernos a destapar ollas y cajas viejas podrían llevarnos también a
descubrir cosas que pueden causar dolor o indignación, por lo que si decidimos
hacerlo, y matarnos alguna duda, prepara tu corazón para cualquier cosa,
inclusive, para decepcionarte.
El ser humano necesita soltar algunas historias no pretender
llevar todo lo vivido en nuestro morral haciendo un peso innecesario e inútil
para nuestra vida actual. Es necesario soltar, dejarse fluir pues la vida es
corta e impredecible por lo que nuestro hoy lo debemos asumir con actitud
positiva y alegre, para construir con bases sólidas el futuro, usando el pasado
solo para tomar las herramientas valiosas y los aprendizajes que permitan
crecernos como seres humanos pero no para que sean ladrillos de lo que
pretendamos edificar en nuestro hoy.
Efectivamente, cambiar de piel no es fácil, a veces debemos
llorar mucho, gritar, despedir objetos, canciones, fotos, costumbres, rencores
y amores, pero no podemos engancharnos en lo que ya no será, en lo que fue y
nos dio placer o dolor. Como dice una canción de Miguel Ríos “Al
lugar donde has sido feliz es mejor que no trates nunca de regresar”, hay que
aprender a dejar el pasado en el recuerdo, y no convertirlo en un plan de vida y preferir volver a nuestros pasos
que dar nuevos por el miedo a la incertidumbre que el futuro nos produce.
Así que, cuando
queremos cambios debemos estar consientes que necesitamos ser valientes y
sinceros en nuestra decisión, pues implica limpiar el morral, aligerarlo de
cargas, perdonar, no solo a otras personas sino a nosotros mismos, crear nuevos
conceptos o filosofías de vida tomando
en cuenta lo aprendido, sacar del camino las piedras que nos harían tropezar de
nuevo con ellas y sobre todo sonreír, encomendarnos a Dios o a la fuerza que
nos da seguridad y fortalezas y creer con toda certeza que lo que viene será
bueno.
También es importante dar gracias por lo vivido, bendecir cada paso dado
aún cuando nos haya dolido, pues esa es nuestra historia, que parte de nuestras
decisiones, que fueron nuestros aciertos y nuestros fracasos pero que son las
lecciones que podemos tener hoy para emprender el camino de cambios que es lo
único seguro que nos da la vida, pues permanentemente cambiamos y hasta la
muerte es un cambio. Así que a vivir el aquí y el ahora libres de equipaje.

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