domingo, 11 de mayo de 2014


Hay días en que uno puede ser más sensible de lo normal, 
tristezas, alegrías, desesperanzas, euforia… 
pero son esos días cuando uno descubre ciertas fortalezas 
y las valiosas enseñanzas que te hay llevado a ser quien eres, 
y es cuando se siente la necesidad de agradecerle a Dios 
y a la vida por las experiencias que nos han permitido 
adquirir herramientas para seguir adelante forjándose un presente 
mejor y vislumbrando un futuro bienaventurado, sabiendo que 
del pasado solo debemos conservar las memorias buenas, 
las lecciones que nos ayudaron a crecer, 
a desarrollarnos para el bien y a dejar atrás el dolor 
y las decepciones aunque estas hayan dejado huellas profundas 
y superarnos incluso de los éxitos y metas, 
porque sabemos que podemos trazarnos nuevas. 
Estos son los momentos en que uno agradece enormemente a Dios 
por esas mujeres que han marcado en sus roles, 
valiosos aportes de lo que somos y de lo que yo soy, que fueron 
y serán las bases de nuestras vidas por siempre, 
a mi abuela que cada día está más cerca aunque ya no físicamente, 
pues me enseñó el valor del hogar, de la familia unida a pesar de las diferencias, de lo que satisface lograr algo desde el esfuerzo y el trabajo, 
de ser ejemplo de lucha y sabiduría; 
a mi mamá, que es voz y oídos, que es aliento y amiga, 
que es consejo y mi suelo y también me permite volar en mis sueños y metas, a mis tías que empujan y guían, que son inspiración y alegrías, 
a mi hermana por ser más que hermana, amiga y complemento de vida,
 a mis primas que también son hermanas y son amigas, 
a mi sobrina que es casi hija, y es también un todo que me
 hace querer luchar por un futuro más promisorio y más bonito, 
a esas amigas de hoy y de siempre, compañeras de estudio, 
de labores, de farra, por también ser inspiración 
y nos permiten valorar la hermandad más allá de los vínculos sanguíneos…
 a esas mujeres que luchan y se esmeran por ser mejores mujeres…
GRACIAS POR EXISTIR… 

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