YA NO ME HUELE A CAFÉ
Candelaria ¿estás colando?, esta frase perteneció a una
campaña publicitaria de vieja data que le hacía honores al aroma que despedía
el café Fama de América, el cual prácticamente era una invitación a desayunar
si se percibía tempranito en la mañana o era el momento ideal de abrir un
receso a nuestras actividades cuando nos topábamos con ese aroma en la
tardecita.
Pero hoy Candelaria necesitaría de un aromatizante artificial para
acercarse un poquito a ese aroma que nos hacía pararnos de donde estuviésemos
para disfrutar del cafecito. Los aromas del café venezolano parecieran ser un
grato recuerdo, pero hoy en día ya no sabemos cuándo se está colando un café a
menos que sea de grano en alguna cafetería, porque en casa, hace tiempo que no se
identifica con facilidad ese momento, a menos a mi juicio, pero creo que no soy la única que piensa así.
Hace poco oí a unas vecinas
venezolanas decir que ahora para tomarse un buen café había que comprar el
colombiano o toparse con uno del Brasil, pues ya el de aquí no es lo mismo. Este
era un comentario impensable en otros tiempos, pues con orgullo tomábamos café
del nuestro, pero hoy no las critico por parecer poco valorativas de lo
nuestro, pues lo pude comprobar “en taza
propia” ya que en estos últimos días tuve la oportunidad de probar gran
variedad de cafés producidos en el país que no olían ni sabían a café y que
estaban mezclados con maíz, papelón, lentejas y otros ingredientes que nos
alejan mucho de aquel cafecito puro y sabrosito de otros tiempos.
El de papelón
era muy oscuro, los otros definitivamente no eran café sino una intención de
este. Si bien mis conocimientos técnicos sobre el café son escasos, no dejo de
sorprenderme de cómo ha cambiado nuestra industria que pareciera haber
desmejorado la calidad de este producto que nos distinguía. Lo que he logrado entender es que se trató de un cambio en el tipo de producción que antes se hacia a la sombra, como aquellas novelas brasileras y ahora al sol, lo que según me indican restó sabor y olor, buscando así ganar más producción pero a mi parecer restó calidad. Esto no lo puedo asegurar, pero lo que si estoy segura es que no sabe igual.
Lo cierto es
que como consumidora me siento insatisfecha y lamento que se pierda lo que era
una de nuestras distinciones en producción venezolana, tenemos suelo como para tener producción y calidad al mismo tiempo. Vale observar que tanto las nuevas marcas
en el mercado como las de tradición ya no nos llaman a tomarlo ni con el aroma
ni con el sabor, eso lo pueden comprobar en sus mismas casas. Claro no podemos desconocer nuevas marcas que si tienen el olor y sabor que tanto añoro pero cuya producción es limitada y que solo se consiguen en lugares puntuales del país, estos
esfuerzos se aplauden pero no están en nuestros abastos y supermercados y no
cubren la demanda del pueblo venezolano cuando quiere degustar un buen café. De
verdad, debo decir que añoro el cafecito que colaba Candelaria…
No hay comentarios:
Publicar un comentario